Los 5 mandamientos endológicos

No soy amigo de ningún lineamiento, de ningún mandato, de ninguna directriz que deba ser obedecida. Y en esto estoy con Osho cuando, en su primer mandamiento, postula: No obedezcas ningún mandato a no ser que sea un mandato desde tu interior. Y lo mismo pienso al respecto. Quien tiene algún mandato exterior que deba obedecer padece de una forma de esclavitud y de subyugación.

Sin embargo, si ese mandato proviene del interior, aun cumplíendolo, es libre. Por ejemplo, para el cristianismo amar es un mandato. Sin embargo, cuando uno ama a una persona o a algo, aún cumpliendo el mandato es libre de ese mandato y simplemente hay actuación expontánea y libertad plena en ese acto de amor.

Así, cuando para ti estos 5 mandamientos no lo sean como tal, ni sean una carga, sino que sean algo inherente de ti y de tu conciencia, entonces verdaderamente los cumplirás en forma íntegra. Y cuando refines más tu comprensión y tu conducta, descubrirás que sólo hay un mandato, y cuando halles la liberación absoluta, descubrirás que ni siquiera ese único mandato existe porque es parte inherente y natural de ti, como sentir, como ver o como respirar.

Los 5 mandamientos endológicos

1 No te hieras, ni hieras a nada ni nadie
2. Conserva tu energía
3. Modifica tu conducta
4. No tengas creencias
5. Se antropocéntrico

1. No te hieras, ni hieras a nada ni nadie

El más importante mandamiento de todos, y en el que se resume todo.
Uno piensa que uno realmente se ama a sí mismo y que no se hiere, pero es todo lo contrario de momento en momento pues tenemos estrés, ansiedad, ira, impaciencia, orgullo, etc. Y todo eso indudablemente nos hiere. Pero no sólo eso, sino que nos alimentamos en forma incorrecta, nos volvemos sedentarios, no vamos al parque a hacer ejercicio, dejamos deteriorar nuestra salud, etc., y todo ello son formas de herirnos.

En lo que respecta al aspecto exterior herimos con palabras, obras y omisiones. Botar una cáscara de fruta al frente del vecino es una forma de herir, contaminar el aire es una forma de herir, enjaular un pájaro es una forma de herir, no ayudar en forma correcta en el momento oportuno es una forma de herir.

Cuando uno realmente y en forma espontánea no se hiere, ni hiere a nada ni nadie en la forma más absoluta, ha alcanzado la iluminación más plena y la liberación final. No existe, no ha existido ni existirá ninguna iniciación ni ninguna santidad que pueda rebasar esto, ir más allá.

2. Conserva tu energía

No significa que siempre tengas que conservarla, pero “invertir energía” y “derrochar energía” son bien diferentes. Por ejemplo, si hablas en una ocasión en la que no debes o algo que no resulta productivo, estás derrochando tu energía y eso te desgasta y eventualmente te hará sufrir (no te hieras).

Necesitarás de comprensión y de interpretación de contexto para saber si lo que haces es un derroche o una inversión. Y debes hacerlo con conciencia, sin evasivas, sin pretextos.

La última síntesis de esta conservación de la energía es la conservación de la energía sexual. La razón de su imoprtancia radica en que de ella procede la vida. Expulsarla fuera de sí es una forma de herirse pues se arroja la vida de sí mismo y no permite que el laboratorio humano la procese en hormonas y vitaminas.

La energía sexual se asemeja a la sangre. Una persona puede donar sangre cada cierto tiempo y, hasta cierto punto estará bien y será benigno para el organismo (que a su vez, eventualmente la reemplazará), pero si se extrae diariamente, aun cuando sea en menor cantidad, pronto vendrá a anemia y la debilidad pues el organismo no tendrá el suficiente lapso de tiempo para recuperarse. Cosa similar ocurre con la energía sexual. Al no expulsarla, el propio organismo la reabsorve y se transforma en hormonas y vitaminas, aspecto que ayudará en tu calidad de vida en todo sentido.

3. Modifica tu conducta

Todo tipo de sufrimiento es originado por una configuración psicológica errada. Quien tiene una psicología sana y en perfecto equilibrio no sufre jamás, y no puede sufrir. De ahí la importancia de modificar la conducta. Dicha modificación sólo puede advenir con la comprensión. Una cosa es conocer y otra comprender.

La endología no es conocimiento de sí mismo, sino comprensión de sí mismo. Y para comprender se debe primero observar, ese observar nos provee  de determinado conocimiento -con el que podemos generar nuevo conocimiento (estudiar, investigar)-, para finalmente comprender. Los cinco consejos para la vida son la joya de la corona de la endología porque es un tratado de comprensión con el que, sin duda, podremos modificar nuestro interior. Por ejemplo, cuando una persona comprende que el otro es un ser humano, y cuando comprende que los seres humanos somos imperfectos, la imperfección del otro ya no le resultará molesta y se minimizarán o anularán episodios de ira, de venganza, de queja, etc.

Conocimiento y comprensión son diferentes. Uno puede conocer, saber que en la mañana “amanece”, que sale el sol, y que horas después “anochece”, se soculta el sol, pero podría no comprender ese fenómeno, cómo ocurre, por qué ocurre. Sin embargo, el conocimiento que tiene le sirve para generar nuevo conocimiento, para estudiar e investigar. Al hacerlo, entrarán en contexto el Sol, la Tierra, el sistema solar, la gravedad, la translación y rotación de los planetas y todo ello, eventualmente, le permitirá finalmente llegar a la comprensión. Del conocimiento a la comprensión hay sólo un paso que es flexible, puede ser corto, muy corto, o puede alargarse, eso depende de nosotros.

4. No tengas creencias

Todo tipo de creencia es el principio de la ignorancia y de la esclavitud. Las creencias por sí mismas nos impiden percibir la realidad en forma directa y nos impiden ser coherentes con ella. Las creencias generan religiones, y las religiones ministros e intermediarios, ritos, sacramentos, diezmos, etc., etc.
Por consecuencia, un endólogo no tiene tampoco religión alguna, ni sigue a nadie, ni diezma a nadie, ni crea ídolos, etc.

Además de esto, se debe tener en cuenta que una creencia es algo no comprobado (por eso es creencia) y, por consiguiente, se aísla de la realidad e inclusive puede llegar a ser incoherente con la realidad. Cuando algo no comprobado logra ser comprobado, entonces se convierte en ciencia.

¿Qué pensarías de alguien que cree que en la noche pasan elefantes fosforecentes esparciendo su vaho, y que ese vaho nutre la tierra y regula todo? Pues así o más fantasiosas son todas las creencias.

Las creencias dividen a los seres humanos y, lo peor, por cosas que no han sido comprobadas, y esa división genera dolor, sufrimiento.

5. Sé antropocéntrico

El ser humano es lo más importante de toda la creación. Es el ser humano el que debe ser divinizado, adorado, amado, respetado, dignificado, no matado en las guerras, no diezmado por enfermedades, no esclavizado bajo ningún sistema, no explotado bajo ninguna forma.
Pero ser antropocéntrico va más allá. Ser antropocéntrico significa no reconocer otro dios, sea el que fuere, más que sí mismos. Por lo común, la especie humana adora a un dios invisible, pero masacra a la naturaleza visible.
Desde el punto de vista de la endología, es preferible no adorar a ningún dios, sea el que fuere, pero sí adorar, divinizar y dignificar al ser humano. Si así se procediera, haríamos de este planeta un paraíso y viviríamos felices y en más, más que cualquier tipo de humanidad teísta. No nos procuraríamos heridas mutuas, unos con otros y, al hacerlo, tampoco nos heriríamos a sí mismos pues, herir a otro es herirse a sí mismo.

Conclusión

Como podrás haber notado, el propósito de cada uno de estos mandamientos es no generar dolor ni sufrimiento. Por eso, en el primero se sintetizan todos los demás: No te hieras, ni hieras a nada ni nadie. Pero ese mandamiento nos lleva también a una regla de oro: Entre dos males inevitales escoge el menos nocivo. Aun asi, eso que uno llama “malo” realmente es “bueno”. Y eso que uno llama “bueno” realmente es malo, pero de ambos surge el aprendizaje, y ese es el camino medio, el camino completo (y no sólo la mitad de él). No hay nada que juzgar ni condenar como bien o mal absoluto pues, despues de todo, la vida es libre en su movimiento.

Todos los seres humanos procuramos herirnos el mínimo posible y herir el mínimo posible a los demás (ya en a un nivel restricivo -familia, amigos, vecinos, etc.- o amplio -toda la humanidad, todas las cosas vivientes, lo sensible e insensible). De ahí que todos practicamos, ya en mayor o menor grado, ya con éxito ámplio o discreto, los mandamientos endológicos, incluso si nunca supiéramos que ellos exisen. Exponerlos (los mandamientos endológicos) en esta forma tan específica sólo puede servir para encausar un poco al ser humano, para que eventualemtne pueda reconocer en ellos la síntesis más humana. Y ya a cada quien surtirán o no los efectos que deban surtir.

Todos estamos en la misma tarea de comprensión, de experimentación de la vida humana, de anular o minimizar el sufrimiento, y eso nos iguala, nos hermana, nos pone bajo las mismas necesidades, sueños, esperanzas, etc.