Los 5 consejos endológicos

También conocidos como los cinco consejos para la vida, o los cinco consejos para no sufrir, constituyen la máxima expresión endológica, la corona de oro y, todavía más, la joya de la corona. Los cinco consejos endológicos son:

1. No esperes nada

La mayoría de todo el dolor psicológico se basa en el mecanismo de la espsera. Esperar de uno mismo, de la familia, de los demás, del sistema, de Dios, de la vida misma, etc. Sin embargo, cuando lo que uno espera no llega o no sucede, entonces se genera dolor y frustración. Cuando uno no espera nada en absoluto, entonces es imposible sufrir psicológicamente.

Este es el primero y el más importante de todos y el que, a su manera, los contiene a todos.

2. No culpes a nadie

Cuando uno anda buscando culpables afuera se frustra a nivel emocional, afectivo y psicológico, y nos impide ver nuestra propia responsabilidad. Los demás difícilmente van a cambiar, así que si siempre voy a ver en los demás al culpable me estancaré, no podré avanzar porque no puedo cambiarlos, no puedo obligarlos a que no me hieran. Pero si veo la culpa en mí (porque la hay), entonces corrijo lo que está mal, lo que me origina dolor, y dejo de sufrir; entonces quedan abiertas las puertas para que entre la felicidad, la tranquilidad, la plenitud.

3. Sé conciente de que nada es tuyo

Todo es efímero. Y si todo es efímero, entonces nada es mío y es inútil sentirme poseedor o aferrarme. Si soy consciente de ello, entonces el apego y la adherencia cesan y simplemente comienzo a disfrutar de cada cosa o situación mientras está a mi lado, en mi vida.

4. No te ancles al pasado

Aferrarse al pasado y no dejarlo fluir lastima, hiere. Y ese aferramiento surge cuando suceden tanto situaciones agradables como desagradables. Ante las agradables surge el apego y la adherencia. Y ante las desagradables surge el rechazo, inclusive el odio y la ira. Anclarse al pasado es amarrarse una piedra a la cintura, misma que no me dejará avanzar.

5. Perdona

Cuando todo lo demás ha fallado, entonces sólo queda un camino: perdonar. Pero perdonar no para beneficiar al otro, sino perdonar para beneficiarme a mí mismo, porque merezco paz, tranquilidad. Perdonar por la simple razón que nunca hay nada que perdonar, que todo lo que sucede, tanto bueno como malo, hace parte de la dinámica de la vida. Las situaciones agradables me han hecho feliz, y las desagradables me han aportado conocimiento. Visto de este modo, no hay pérdida, sólo ganancia.